Una catarsis condensada en un pequeño libro infantil. El día a día nos abruma de formas que a menudo no podemos controlar. Sin embargo, a veces, la mejor terapia es llegar a casa y recibir un beso o un abrazo de nuestros hijos.
Como hijo de un padre ausente, me resulta difícil encontrar una figura paterna en la que pueda basarme o encontrar admiración. Pedir consejos o guía parece un desafío. Pero luego recuerdo que también soy papá, me miro al espejo y me doy cuenta de que no puedo dejarme vencer.
Dejo este pequeño libro como un recordatorio para que lo compartas con tus hijos. Y aunque no nos conozcamos, sé que tú, al igual que millones de papás allá afuera, estás librando una batalla interna. Créeme, vas a poder lograrlo. Eres especial, importante y el héroe que ellos más admiran.
Aunque no tengas un traje tecnológico con gadgets, visión de rayos X o un escudo indestructible, eres su mayor referente, su héroe preferido.


Solo leer la introducción me resulta inspirador, soy hijo que perdí a un padre entrando en la adolescencia, no tengo hijos, pero es admirable tener que ser padre sin tener un referente, felicitaciones y leeré el libro y sé que uno aprende de todos y eso es ser un héroe compartir lo que sabemos y buscar la inmortalidad en los recuerdos y los aprendizajes.